Mi caótico y hermoso mundo

martes, 14 de febrero de 2017

Viaje a Amsterdam


De nuevo me lanzo a otra aventura que os puedo mostrar por fotos. Esta vez el destino elegido fue Amsterdam, capital de Holanda.

Nada más bajar del avión mi primera impresión fue: "me gusta esta ciudad, pero hay demasiadas bicis", no os exagero cuando os digo que hay más bicicletas que personas en esta ciudad, de todas las formas y tamaños. De todos modos da gusto pasear por una ciudad que saber que apenas tiene contaminación producida por coches, pero eso sí, puede morir atropellado sin duda por una bici si te descuidas porque no tienen ningún de prioridad los peatones.




Lo primero que hicimos en la ciudad fue llegar al hostal en el que nos hospedábamos llamado Hortus. Un hostal muy adorable y acogedor con unas escaleras demasiado empinadas para mi gusto.

Ya en la habitación tocó momento de reflexionar !¿qué íbamos a hacer durante ese día y los demás que teníamos por delante?.
Después de debatir poco y descansar fuimos a dar una vuelta por la ciudad y hacer el tour del barrio rojo (no hay fotos porque no se pueden hacer).
Nos enseñaron algunas cosas sobre la prostitución, las calles más transitadas e historia del barrio, muy interesante.





Al día siguiente estuvimos pateando la ciudad gracias al free tour. Como sabéis y ya os conté en mi viaje a Dublín, los free tour son tours en español en los que pagas lo que quieras al final del tour. Es decir que puedes pagar lo que quieras o no hacerlo, eso está dentro de tu elección.

Caminamos y caminamos mientras nos hablaban de la historia de la ciudad y sobretodo de los estragos que hizo la segunda guerra mundial en esta preciosa ciudad, sin duda una de las ciudades que pusieron más resistencia.
Tras caminar durante toda la mañana el hambre apretó y decidimos ir a un restuarante donde ponene platos típicos de Amsterdam. El plato consiste en un puré de patata, zanahoria con una salchicha de cerdo o bien una bolsa de ternera encima del puré. No os podéis imaginar lo bueno que estaba.















Nuestro último día consistió en ir al museo de la resistencia donde aprendimos más sobre lo que sucedió en la ciudad tras la segunda guerra mundial y como lo vivieron sus ciudadanos.
Después repusimos fuerzas y nos pateamos otra vez la otra parte de la ciudad que no habíamos visto llegando a las famosas letras de I AMsterdam y ¿por qué no?, el momento perfecto para hacer las compras requeridas.


Sin duda ha sido un viaje precioso, con gente maravillosa y no dudaré en volver cuando pueda porque me he quedado con ganas de ver el museo de Van Gogh o la casa de Ana Frank o visitar algún pueblo de alrededor con los famosos molinos.











♥Bapaper

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